Este verano comencé la lectura de Naná, era la primera novela del conocido escritor frances Emile Zolá (creador del Naturalismo) que tenía oportunidad de leer. Antes de leer a Zolá me había limitido a conocer el movimiento naturalista en su vertiente española, admirando las obras de doña Emilia Pardo Bazán y de Benito Pérez Galdós que marcaron una época en la literatura española y que también marcaron una profunda huella en mi formación, de manera que fueron y siguen siendo dos de mis autores favoritos. Tiendo en cuenta la profunda huella que me dejaron los dos máximos representantes del naturalismo español me resulta extraño que hasta ahora no me hubiera decidido a dar el salto al otro lado de los Pirineos y beber de la fuente original del Naturalismo. Y la impresión ha sido de lo más satisfactoria posible, ha sido una obra deliciosa, hacía mucho tiempo que no había leído una novela con tanta afición y con tanto interés, tanto como para leer lo más pronto posible alguna obra más de Zolá. Ha sido todo un descubrimiento, algo tardío pero muy agradable y grato.
Naná se centra en las aventuras o desventuras de una joven "cocoité", una rubia y jovén prostituta salida de los barrios bajos de París que se buscaba la vida en las calles parisinas y que por avatares del destino se convierte en actriz de éxito, no precisamente por su talento artístico y si por su rubio, curvilineo y deseado cuerpo que encandila a hombres y mujeres, ricos y pobres.En este primer escalón de su éxito comienza a ser conocida por miembros de la alta sociedad francesa de la época del "Segundo Imperio"; burgueses y altos funcionarios de la administración la persiguen y ella aprovecha su estrellato para conseguir una mejor vida, enriquecerse a su costa y hacerles perder la cabeza y su fortuna por sus rubios cabellos y su buen formado cuerpo. Por su cama pasan banqueros, burgueses, rentintas, condes y marqueses, pero su bello cuerpo y sus ansias de amor la empujan también a los brazos de actores y jovenes sin recursos, alternando por su cama todos ellos en un laberíntica ruleta.
Gracias a sus amorios con un rico banquero judio alemán consigue una hermosa y coqueta propiedad rústica en provincias donde se traslada para vivir una temporada y revivir alli sus tiempos de niñez, y donde la paz y la sencillez del campo la domina por completo. Y con Naná llegan también sus amantes, sus pretendientes y sus millonarios, revolucionando por completa la plácida vida provinciana. Es precisamente allí donde consigue "cazar" a uno de sus pretendientes más adinerados, mejor situados y considerados de la sociedad parisina de la época; el marqués Muffat un beato casado y dominado por la religiosidad de su madre y de su entorno. Naná vence toda esa religiosidad y el marqués cae totalmente rendido en sus brazos, entregándole su fortuna sin condiciones.De vuelta a París, abandona al banquero judio y se centra en su nueva conquista, de quien consigue impotantes cantidades de dinero y mejora su nivel de vida. El marqués olvida su vida pasada, vive nuevas sensaciones y abandona casi por completo a tu familia y a su mujer que termina por caer en brazos de un joven periodista. Pero Naná no puede vencer sus inclinaciones y en ausencia del marqués abre su casa y su cama a sus antiguos camaradas y amantes, hasta el punto de enamorarse por completo de un actor antiguo compañero de sus éxitos de teatrales y abandonar al Marques, dejándole en una situación crítica debido también al descubrimiento del adulterio de su esposa con el periodista.
Naná abandona el lujo anterior, se centra en su nuevo amor, en su actor de teatro y se entrega por completo a él: su cuerpo, su alma y sus riquezas. Durante un tiempo saborea una vida dulce y pacífica en brazos de su amor, pero pronto llegan los conflictos, comienzan a escasear los recursos económicos y también comienza a escasear el amor de su amante; comienzan incluso los malos tratos y las palizas para la pobre Naná que desconsolada sigue amando tiernamente a su maltratador. Naná para conseguir dinero con el que mantener su casa y mantener calmado a su amante, se echa de nuevo a la calle, frecuenta las callejuelas y bulevares de París en busca de unos pocos francos con los que mantener su casa y su amor. En ese preciso momento sufre de nuevo un contratiempo y es abandonada por su amante, que la expulsa de casa, sin dinero y sin otra forma de mantenerse que continuar su nueva vida en las callejuelas de París.Se ve a Naná en la situación más delicada posible, es la caída del mito, antes deseada y perseguida por los más nobles y ricos de París y ahora en brazos de cualquiera que quisiera pagar sus servicios. En un instante de lucidez vuelve a pensar en su marqués e intenta reconquistar su afecto y volver a dominarle por completo. Tras una entrevista con Muffat retoman su vida amorosa, entregando a Naná un bello palacete en París y rodeandola de riquezas con la única exigencia de obediencia y fidelidad absoluta hacia el Marques.
De nuevo se ve a Naná en la cúspide de la ola, Naná a vuelto y se pasea por las calles de París en hermosos y lujosos carruajes, vestida de encajes y bellos trajes. El marqués le entrega sus riquezas y Naná le corresponde con su fidelidad, aunque esta fidelidad dura poco, Nana no puede conformarse con la monotonía del marqués y comienza a abrir su palacete a antiguos amigos y nuevos amantes ricos y poderosos. El marqués indignado al principio termina por aceptar la situación por miedo a perder el amor de Naná que le posee completamente, es un pelele en sus brazos y cumple a rajatabla sus deseos por estrafalarios, raros o caros que sean.El palacio de Naná es un imán que atrae la riqueza de sus amantes que la satisfacen todas sus peticiones y así va destruyendo y arruinando a todos cuantos se acercan a ella. Se convierte en una niña caprichosa, deseosa de más y más riquezas, y cuanto más le entregan menos afecto tiene a las cosas materiales y más despilfarra y destruye. Es como una araña que arrasa con todo lo que se acerca a ella, los hombres, las familias, las propiedades, las fortunas, todo es devorado por ella. Pero Naná es cada vez más pobre; sus criados y conocidos se reparten las migajas que Naná destruye y arroja a cada paso, de manera que Naná tiene que seguir devorando amantes y millonarios hasta que el marqués casi totalmente empobrecido y continuamente engañado no puede aguantar más la situación y abandona a Naná.
Es tal el ritmo de vida de Naná que termina por morir de éxito, ya no hay más madera que quemar, abandonada por todos sus empobrecidos amantes tiene que salir de París y vuelve a pasar en el anonimato. Se convierte en una leyenda y corren rumores acerca de su destino, se habla de que se ha ido a Egipto donde ha enamorado a un sultán, otros comentan de que está en Moscú rodeada de joyas y riquezas en el palacio de un príncipe ruso. De manera inesperada llegan noticias a París de que Naná ha llegado a la ciudad y que se encuentra terriblemente enferma. Había retornado a París cargada de joyas y riquezas del principe ruso pero nada más llegar había ido a visitar a su pequeño hijo (nacido durante sus primeros años de prostitución callejera), un pequeño enfermizo y débil que acababa de contraer la viruela y que estaba a punto de morir. La presencia de Naná no mejoró la situación del pequeño que moriría rápidamente, una nueva desdicha para Naná que además se vería afectada por la misma enfermedad. Estos rumores volaban por las calles de París, y la noticia compartía protagonismo con el inicio de la guerra con Alemania. Sus antiguos amantes acudían a la puerta del hotel donde se debatía entre la vida y la muerte, pero ninguno se atrevía a subir por miedo al contagio.
La muerte de Naná era inminente de la misma manera que se produciría la muerte del Segundo Imperio Francés. Naná murió a los pocos días abandonada de sus amantes y sola en presencia de sus antiguas compañeras de la calle, rodeada de riquezas pero completamente sola, en el esplendor de su vida y de su belleza pero totalmente deformada por la enfermedad y la muerte. Su muerte coincide con la guerra con Alemania: una multitud de gente grita enfervorecida por las calles. La guerra tendrá como consecuencia la derrota y el fin del imperio de Napoleón III., de manera que Zolá hace un paralelismo entre la decadencia que representa Naná y la decadencia de la sociedad de su época.- Y los dos la admiraban en silencioso recogimiento, mientras ella acababa de abrocharse los guantes. Naná era la única que permanecía en pie, en medio de las riquezas atesoradas en su palacete, sobre un montón de hombres abatidos a sus pies. Al igual que aquellos monstruos antiguos, cuyos temidos dominios estaban cubiertos de osamentas, ella asentaba sus plantas sobre cráneos; y la rodeaban catástrofes: la hoguera furiosa de Vandeuvres, la melancolía de Fourcarmont, perdido en los mares de China; el desastre de Steiner, reducido a vivir como hombre honrado; la imbecilidad satisfecha de La Faloise; el derrumbe de los Muffat, y el pálido cadáver de Georges, velado por Philippe, que había salido de la cárcel el día anterior. Su obra de ruina y muerte estaba consumada, la mosca escapada de la basura de los arrabales, llevando el fermento de la podredumbre social, había envenenado a aquellos hombres solo con posarse sobre ellos. Eso era bueno, era justo; había vengado a los suyos, los menesterosos y los desheredados. Y mientras que, en una apoteosis, su sexo ascendía y resplandecía sobre las víctimas tendidas, como un sol naciente que ilumina un campo de batalla, la joven conservaba su inconsciencia de bestia formidable, ignorante de su obra, ¡buena chica siempre!

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