XXXII Maratón Popular de Madrid (2009) Domingo 26-04-2009
42,197 metros
Tiempo oficioso: 4:09:10
Tiempo real: 4:05:12
Por fin llegó el gran dia, el objetivo que estaba marcado en mi calendario después de cuatro meses de entrenamiento centrado básicametne en el maratón de Madrid. Tengo que reconocer que estaba un poco nervioso y quizás un poco temeroso de que la dureza del recorrido, la distancia y las fuerzas me fallaran y que no pudiera completar la prueba. Ya estaba hecho a la idea de que podía llegar el momento en el que mi organismo dijera basta y tuviera que parar, reponer fuerzas, recuperar el aliento e intentar continuar; como decía un eslogan: "Carreras hay muchas y salud sólo una" y esa idea la tenía grabada en mi cabeza, no había que hacer barbaridades, intentar llegar al final si pero sin obsesionarse en ello y sin machacarse más de la cuenta. Y también tenía claro que iba a salir con la intención de acabarlo pero disfrutando de la carrera, saboreando cada kilómetro y sin sufrir demasiado con el trascurso de los metros y kilómetros; con la mejor compañía posible, con Mario y Bernar y con el apoyo y ánimo constante de Esperanza que nos ayudaría en los avituallamientos. Todo estaba preparado, los entrenamientos habían sido exhaustivos y constantes, y ahora sólo quedaba salir a la calle, disfrutar de la carrera, darlo todo y esperar con calma el paso de los kilómetros. Las sensaciones eran buenas e intentaría cumplirlas con éxito.La noche fue tranquila aunque no pude dormir todo lo deseado. Siempre me ocurre lo mismo en los días importantes, esa noche no suelo dormir, me la suelo pasar despierto, dando vueltas de un lado a otro de la cama y sin poder conciliar el sueño. No se realmente cuantas horas o minutos dormí, pero creo que no fueron muchos (los minutos), a pesar de todo no me sentía demasiado cansado al levantarme de la cama. El desayuno fue relajado, sin abusar, tampoco era momento de hacer probaturas y experimentos, aunque tengo que reconocer que cayó un plato de espaguetis, un cafetito y agua, mucha agua e isotónica... además de algún que otro gel de esos milagrosos, es decir me puse las pilas. Estaba tranquilo, terminé de vestime, me calcé las zapatillas y recogí la mochila completamente preparada desde el dia anterior. Nos fuimos al autobús para dirigirnos a Cibeles, pero en vista de que tardaba un poquillo decidimos coger el metro, allí ya se notaba la presencia de corredores preparados para su gran dia, todos esperabamos que fuera nuestro gran dia. Las miradas de complicidad se sucedían de unos a
otros, se notaba la concentración en las caras y la emoción en los semblantes. Finalmente llegamos a Cibeles y aquello era ya un espectáculo grandioso, todo lleno de gente, de atletas que calentaban, de corredores que buscaban a sus compañeros de entrenamiento o de carrera, de acompañantes que ayudaban a los corredores, de público en general que animaba ya a esas horas de la mañana. Una gran masa de corredores se apoderó del Paseo de Recoletos y bajaba por Alcalá o el paseo del Prado, toda la calle estaba tomada por los corredores que en breves minutos tomarían la salida para apoderarse de las calles de Madrid durante varias horas, dependiendo de las fuerzas y preparación de cada uno de ellos.El tiempo estaba gris, no hacía demasiado frio pero las nubes grises ocultaban los rayos del sol. La incretidumbre circulaba entre los corredores, era posible que lloviera, no estaba claro, los pronósticos hablaban de un 50% de probabilidades de que lo hiciera. Ese dato era importante porque podía hacer más difícil aún la carrera si llovía y hacía frio, a mi personalmente no me convenía que hiciera demasiado calor y además ya tenía la experiencia de correr bajo la intensa lluvía en la media de Getafe, aunque también tengo que reconocer que prefería que el tiempo se quedara como estada, sin lluvia y sin unas temperaturas elevadas. Al poco tiempo llegó Mario,
finalmente Bernar nos esperaría en el kilómetro 25, en el segundo avituallamiento programado con Esperanza. Comenzamos a ultimar los detalles, tomar los últimos sorbitos de agua, atarse bien las zapatillas, colocarse los gadgets y las últimas visitas a los aseos públicos o donde hubiera sitio. La tensión y la ilusión se notaba en el ambiente, poco a poco se iba aproximando la hora del comienzo de la carrera. Cayeron las primeras gotas de lluvia, más dudas, coger el chubasquero o no, arriesgarse a mojarse o asarse de calor. Nos fuimos aproximando hacia la línea de meta, buscabamos el globo de las 4 horas pero no conseguimos encontrarlo. Da lo mismo empezaríamos más atrás e intentaríamos cogerlo en los primeros kilómetros, nuestra idea era seguir ese globo pero si no lo veíamos seguiríamos a nuestro ritmo de 5:40. Los últimos consejos, las últimas palabras de ánimo, los saludos, los últimos buenos deseos.
Por fín sonó el disparo inicial y casi de inmediato comenzamos a movernos, pero aún no pasamos la línea de salida. Nos despedimos de Esperanza hasta el primer avituallamiento que tendría lugar en el kilómetro 15, nos lanzó un saludo y aprovechó para hacernos la primera foto de la mañana. La calle era ámplia, los corredores muchos y así tardamos casi cuatro minutos en pasar por debajo del arco de salida y por encima de las alfombras de cronometraje. El Maratón de Madrid habia comenzado. Y nada más comenzar, el cielo se abrió y la lluvia hizo acto de presencia. Parecía que nos habíamos equivocado al no coger el chubasquero, el agua cada vez caía con más fuerza mientras ibamos recorriendo los primeros metros de la carrera. Al principio con tanta gente se hacia díficil correr, pero poco a poco fuimos haciéndonos paso y recuperando terreno perdido hasta conseguir coger a los corredores que seguían un ritmo parecido al nuestro. Enseguida nos vimos envueltos en un grupo numeroso de corredores que iban a la misma velocidad, mientras el agua a ser más abundante, algunos más previsores ya llevaban el chubasquero puesto, otros paraban a ambos márgenes para ponerselo o para hacer sus necesidades. Así transcurrieron los primeros kilómetros, era una delicia avanzar a buen paso, sin prisas, sin agobios, sin coches por pleno Paseo de la Castellana, todos al mismo paso y al mismo son. La lluvia se hizo más intensa cuando pasamos por Nuevos Ministerios, la gente se refugiaba debajo de los puentes e incluso algún intrépido animaba a los corredores desde la parte superior del puente, por donde tendriamos que pasar más adelante, y como ya es tradición los Hijos del Viento entonaron la canción electrostática. La Castellana era toda para nosotros y nosotros disfrutabamos del espectáculo. Al llegar al Santiago Bernabeu abandonamos la Castellana y dimos la vuelta al magno estadio, todo un honor para nosotros. A la altura de Cuzco volvimos a coger el Paseo de la Castellana, quizás cuando más fuerte caía la lluvia, yo me lamentaba de nuevo por no haber cogido el chubasquero y pensaba en recogerlo en el kilómetro 15 si las cosas seguían así. Nuestro ritmo era bueno, seguíamos los pasos acordados aunque no aparecía el globo de las 4 horas. Al poco de pasar por Cuzco adelantamos al globo de las 4 horas y media, el globo anterior nos sacaba unos minutos pero no sabíamos si apretar para cogerlo o seguir a nuestro ritmo y ver si con suerte lo cogíamos más adelante, no había que cometer errores y ese podía ser un exceso que pagaramos más adelante, así que decidimos continuar como estabamos. De esta forma Comenzaba el segundo cuarto de la carrera, ahora tendríamos que seguir ese ritmo hasta el kilómetro 15 donde nos esperaría Esperanza (a la altura de Argüelles) para darnos la glucosa y los geles. Pasamos de nuevo por Nuevos Ministerios y nos encontramos con la misma gente que nos animó en la subida, ahora ya no estaban cobijados debajo de los tuneles, el sol había salido y comenzaba a brillar en el cielo. Llegamos a Cuatro Caminos y allí los corredores eran animados por un grupo de gaiteros que nos recordaba a nuestras queridas tierras asturianas y las experiencias de las medias de Madrid que habíamos corrido por ahí. Nuestro paso seguía siendo fluido, constante y cómodo. Estabamos en el castizo Chamberí, ya en una zona más céntrica, lo cual unido al cese de la lluvia aumentó el número de personas que salían a la calle para animarnos, y aunque parezca un tópico siempre eran bienvenidos esos aplausos y esas palabras de ánimo. Finalmente cogimos Guzman el Bueno, al final de la calle nos esperaba Esperanza. Las calles eran más estrechas pero podíamos correr sin estrecheces y sentíamos más cerca el calor de la gente. Allí estaba Esperanza que nos dió las botellitas de geles y glucosa, casi no tuvo tiempo para más debido al rápido descenso por la estrecha calle. Estabamos en el kilómetro 15, ahora tendríamos que dirigirnos hacia el pleno centro de Madrid, cada vez había más gente en las calles, asi avanzamos por Alberto Aguilera, llegamos a Bilbao y nos metimos en la estrecha calle Hortaleza desde la cual llegaríamos a la
Despues de recorrer los primeros 21 kilometros llegaba una zona relativamente buena para los corredores, en ligero descenso desde la calle Ferraz por el Parque del Oeste, rodeados de árboles y también de público que se había desplazado hacia esta zona para saludar a sus conocidos o a los desconocidos atletas. Habíamos formado un grupo más o menos compacto de corredores que había estado unido desde aproximadamente el kilómetro 7 y ya nos eran familiares sus caras y sus gestos; todos ibamos al mismo ritmo y nuestra intención (aparte de terminar el maratón) era llegar en aproximadamente cuatro horas. Este hecho de correr en pelotón también era muy favorable porque nos ayudaba a llevar un ritmo constante, sin acelerones o frenazos, sin adelantamientos. En esta zona de descenso nos volvimos a acelerar un poco, pero no solo nosotros, todo el grupo. Nos estabamos aproximando al kilómetro 25 donde nos esperaba Esperanza con el segundo avituallamiento y esperabamos que también lo hiciera Bernar. Llegamos al Puente de los Franceses y ahora girabamos para coger la Avenida de Valladolid y dirigirnos hacia Príncipe Pio, hacia el segundo avituallamiento. En esta calle estaba situada la primera ducha de agua, pero con el tiempo fresco que teníamos no nos hizo falta, por ahora este aspecto también nos estaba acompañando, a pesar de la lluvia inicial las temperaturas estaban siendo buenas, en esos instantes el sol brillaba pero no calentaba demasiado. Nos ibamos aproximando a
Príncipe Pio pero no encontrabamos a nuestros salvadores hasta que finalmente ya cerca del metro los localizamos, allí vimos a Esperanza y a Bernar, la primera con las botellitas de la mano y el segundo vestido de corto y preparado para hacernos de liebre durante el resto de la carrera. Su presencia fue doblemente bienvenida, no sólo por animarnos sino también por ayudarnos y apoyarnos a lo largo de toda la carrera. Nada más unirse a nosotros Bernar ya se había convertido en el centro del grupo y nos animaba con sus chistes y bromas, con el relato de la boda de la noche anterior a la que tuvo que asistir y con otras anecdotas de su querido Bloque IV. Ahora comenzaba la parte complicada de la carrera, nos adentrabamos en la Casa de Campo, la experiencia del paso por la Casa de Campo durante la "Human Race" de Agosto no fue muy gratificante, y aún recordaba las duras cuestas que tuve que pasar y el sufrimiento que tuve que soportar para poder terminar aquella carrera. A los pocos metros de entrar en la Casa de Campo nos encontramos con otra grata sorpresa, alli estaba con su bicicleta Juanillo, esta vez no nos acompañaría corriendo como hizo en San Nicasio sino montado en su particular "espada" de dos ruedas. De esta forma se nos hizo mucho más llevadero el paso por la Casa de Campo, donde nos había tanto gente como en las calles de Madrid pero el que estaba allí se hacía sentir. En este terreno me separe apenas unos metros de mis dos compañeros de carrera, dejé el asfalto por el que ellos iban corriendo y seguí por la senda de tierra que seguia en paralelo a la carretera, no quería castigar en exceso mis rodillas y preferí correr por la tierra; no se si fue una decisión acertada o equivocada pero en esos momentos sabía que las rodillas iban a jugar un papel fundamental en lo que restaba de carrera. A pesar de ir apenas a dos metros de mis compañeros seguí notando su presencia y participando en su amena conversación. Asi fue como recorrimos los casi siete kilómetros de carrera que atravesaban las tierras y árboles de la Casa de Campo y nos ibamos aproximando al kilómetro 32, donde todos los entendidos decían que estaba el famoso muro. Allí también nos esperaría Esperanza para darnos el tercer y último de los avituallamientos previstos. Se aproximaban los kilómetros más duros, donde se marca la diferencia entre terminar y no terminar la maratón, donde hay que dar hasta la última gota de sudor y sufrir todo lo posible; la parte más dura tanto en el aspecto mental como en el físico, cuando casi no se tienen fuerzas y comienzan los dolores, los tirones, los calambres. En mi entrenamiento largo había sufrido muchisimo a partir del kilómetro 27, ahora ya había pasado ese punto kilométrico sin el menor síntoma de agotamiento o cansancio. El momento decisivo estaba a punto de llegar.Y comenzó el último cuarto, como si de un partido de baloncesto se tratará, con las espadas en todo lo alto, con todo por decidir, apenas 10 kilómetros por recorrer. Y comenzaba saliendo de la Casa de Campo y bajando por la Avenida de Portugal, allí nos sorprendió la presencia de nuestro amigo Tomás vestido de corto, con su camiseta blanca,dispuesto a correr, aunque no se unió a nuestro grupo sino que esperó a otro de sus amigos con el que había quedado para hacer la última parte de la carrera. Lamestamos su ausencia ya que su compañía habría sido bienvenida y sobre todo apreciada. Casi al mismo tiempo
comenzaron las primeras complicaciones, con el cambio de terreno sentí ciertas molestias en las rodillas, las temidas rodillas estaban en una situación bastante delicada. Primero fue la rodilla derecha y comenzó con ciertos pinchazos en la parte lateral externa de la misma, cada vez se me hacía más complicado correr. Al terminar la bajada teníamos que diriginos hacia la glorieta del Puente de Segovia donde estaba Esperanza para darnos el avituallamiento, la gente se agolpaba a ambos lados de la calle animando a los corredores y por poco no nos encontramos con Esperanza, aunque finalmente pudimos localizarla con el tiempo suficiente para ponernos a su lado y recoger las deseadas provisiones. Con el nuevo avituallamiento esperaba que el dolor de la rodilla fuera disminuyendo pero no fue así, mis compañeros notaron mi sufrimiento y poco a poco fuimos reduciendo el ritmo, Bernar se multiplicaba para ir a por el agua y la bebida isotónica mientras nos animaba y marcaba un ritmo más llevadero. De esta manera llegamos al puente de San Isidro, desde ahí se veía el parque de San Isidro donde tantas veces había ido a entrenar en los últimos años; no podía fallar, tenía que seguir adelante, ni siquiera al estar tan cerca de casa me trajo a la cabeza la idea del abandono, había que continuar. El camino por el
paseo Virgen del Puerto fue más duro, pasamos por una zona en obras con menos público animando y a eso se unieron molestias en la otra rodilla, ahora eran las dos las que daban problemas. Se lo comenté a mis compañeros y decidí buscar alos voluntarios para que me echara un poco de reflex en las rodillas. Mario también aprovechó la ocasión para refrescar sus rodillas, él también sentía molestias desde hacía unos kilómetros. A los pocos metros vimos a Esperanza que había cruzado el puente del Rey y se acercó a esa parte de la carrera para animarnos de nuevo y pudo comprobar como nuestros semblantes ya no eran tan radiantes como antes, el cansancio y el dolor hacía mella en nuestros cuerpos. Precisamente ahora cuando comenzaba la rampa más dura de todo el circuito situada en la Calle de Segovia, los pies se clavaban al asfalto y las rodillas parecían de piedra. Después de esa cuesta nos dirigiamos en constante y suave subida por el Paseo Imperial hasta llegar al Paseo de las Acacias. En este punto recordamos las carreras de la Melonera, en esas ocasiones subíamos por esas calles sin complicaciones pero ahora después de 35 kilómetros y con las rodillas maltrechas el paso no fue tan cómodo. Aunque no debíamos de ser los únicos, el grupo en el que ibamos se mantenía más o menos estable y tampoco nos pasaban más corredores por detrás, e incluso eramos nosotros los que adelantabamos a corredores que tenían que seguir andando, nosotros estabamos un poco mejor y no queríamos resignarnos a dejar de correr y seguir andando, aún podiamos avanzar sin detenernos. Al paso por la Glorieta de Embajadores mis rodillas estaban aún peor y buscaba como loco algún voluntario con reflex para calmar mis rodillas, pero una gran parte del pelotón debía estar como yo porque nos costó encontrar el divino reflex y cuando lo encontramos había varios corredores esperando para usarlo, así que decidimos seguir avanzando hacia Atocha.
rodillas se multiplicaron y ahora era complicado hasta andar. Pero lo habíamos conseguido, habíamos conseguido nuestro sueño. El siguiente paso era buscar a Esperanza que nos estaría esperando en los alrededores de la meta, mientras la buscabamos encontramos a Juanillo que desde la Casa de Campo había seguido la carrera hasta la meta y allí nos felicitó por nuestra carrera y por haber terminado en tan buenas condiciones. Finalmente vimos a Esperanza y volvieron las alegrías, los parabienes, las palabras de ánimo y de apoyo, y sobre todo nuestras palabras de agradecimiento y de admiración por habernos ayudado en la carrera, por habernos seguido sin descanso, ofreciéndonos las bebidas y geles con una sonrisa en los labios y con una entrega digna de toda admiración. Muchas gracias por todo Esperanza, si tu ayuda estoy seguro que tampoco habríamos conseguido acabar el Maratón, este triunfo también es tu triunfo y no sólo por lo que hiciste ese dia si no también por todo lo que has hecho durante los meses de entrenamiento y durante las carreras, acompañándonos y animándonos cuando más lo necesitabamos. Muchas gracias.Todo ha sido impresionante y quedará grabado para siempre en mi memoria, he cumplido un sueño y además en bastantes buenas condiciones. Cuando me lo planteé no podía ni imaginar que iba a terminar tan bien como lo hice, en tan buen estado y sin sufrir demasiado. Esto ha sido fruto de un buen entrenamiento, constante y duro, y también a la compañía, el hecho de correr con Mario y con Bernar ha ayudado muchísimo a cumplir el objetivo con tan buena nota, y contar con el apoyo de Esperanza ha sido fundamental, además de emocionante y emotivo. He corrido mi primera Maraton, ya soy un maratoniano.
¿Y ahora qué?. En principio no tengo intención de correr otra maratón este año, aunque nunca se sabe. Por ahora intentaré no perder la forma que he cogido y seguir disfrutando de la afición de correr, solo o en compañía de mis entrañables amigos, centrándonos en pruebas más cortas, en los 10 kilómetros y seguro que también alguna media interesante, todo ello hasta que lleguen los calurosos meses veraniegos y tomarse un necesario descanso, aunque puede que también este año sea un descanso más breve que otros años. No puedo parar un mes entero, no sólo por el hecho de disfrutar de salir a correr si no también por lo duro que es luego volver a coger el ritmo y el tiempo que se tarda en volver a estar en unas condiciones mínimas. Ha sido un gran año y ahora hay que seguir disfrutando. Ya veremos que nuevos retos y objetivos se cruzan en nuestro camino, por ahora hemos cumplido con el primero de ellos, con nuestro primer Maratón de Madrid.




No hay comentarios:
Publicar un comentario