lunes, 25 de agosto de 2008

SuperCopa de España 2008

Ayer, noche del día 24 de Agosto, tenía lugar el partido de vuelta de la SuperCopa de España, el primer título oficial de la temporada de futbol en España. Después del partido de ida celebrado hace una semana en Valencia parecía que se iba a tratar de un encuentro disputado entre dos equipos que, metafóricamente hablando, se odian desde hace 10 años más o menos. Era un partido duro, con dos equipos fuertes en fase de preparación y con muchas ganas entre los contrincantes, no solo era el primer título si no que también se pretendía marcar distancias, marcar el territorio y dejar al rival tocado, dejar en envidencia los males o defectos del contrario y ensalzar las vistudes propias, adelantarse en la carrera hacia los demás títulos de la temporada.


Y el partido cumplió todas las expectativas, un partido brillante, intenso aunque no duro. El resultado del partido de ida daba una cierta ventaja al Valencia y los primeros compases del partido remarcaron aún más esta preeminencia valenciana. El Real Madrid estaba un poco perdido en el centro del campo y no llegaban balones en condiciones a los delanteros. Por su parte el Valencia estaba bien asentado, con un centro del campo robusto y un omnipresente Silva que dirigia con clase a los valencianos. Y así llegó el primer gol del Valencia, en una gran jugada del internacional que batió por bajo a Casillas. El Valencia se ponía por delante y pasmaba su ventaja en el marcador, en el campo y en el ánimo de los jugadores.

En ese momento el innombrable arbitro se erigió en protagonista, expulsando, tras una dura entrada a destiempo, a Van der Vaart; otro arbitro habría castigado con amarilla para no perder las riendas del partido, sobre todo después de no haber sacado amarilla en otras entradas, no tan duras como la del holandés madridista, pero que también podían haber acabado con esa tarjeta. Desde ese momento el partido se volvía prácticamente imposible para el equipo blanco.

Tras el descanso, salió a relucir el coraje y entrega de los jugadores madridistas y en plena reacción llegó el gol de penalty de Van Nilstelroy que equilibraba el marcador y el ánimo aunque no el número de jugadores sobre el campo. Y de nuevo un golpe arbitral al Real Madrid con la expulsión rigurosa de Van Nilsterlroy por doble amarilla que dejaba a los madridistas con nueve jugadores en el campo con 35 minutos por delante, el marcador en desventaja, un equipo serio en frente y un arbitro en contra. En esas circunstancias surgió de nuevo la épica, el pundonor, el sacrificio, la entrega y el buen juego.

Hay que destacar sobre todo al holandés Robben que se echó el equipo a la espalda y por la banda rompió una y otra vez a la defensa valenciana, un cuchillo implacable y tremendo que entraba con una facilidad increible por la banda derecha surtiendo balones a los escasos delanteros madridistas. Tras una jugada suya llegó un corner que remató al larguero Diarra y cuyo rechace remataba a las mallas Sergio Ramos, otro coloso tanto en defensa como en ataque. Parecía increible pero el Real Madrid había dado la vuelta al marcador y se había puesto por delante en la final. Un equipo con nueve jugadores sobre el campo se había adelantado al todopoderoso y rocoso Valencia que no se creía lo que estaba viendo y lo que estaba sufriendo en sus propias carnes.

El estadio entero estaba en efervescencia, el entusiasmo y la alegria se apoderó de los espectadores, todos eran concientes de lo que estaban presenciando. La comunión entre jugadores y espectadores era total. En este estado de letargo y de incredulidad por las circunstancias, el Valencia se desinfló totalmente, Schuster hizo los cambios apropiados para refrescar el equipo y aportar energía al centro del campo. Los jugadores del Real Madrid se preparaban para la defensa numantina del marcador pero sin olvidarse de la portería contraria. Robben seguía siendo el estilete que desbordaba a la defensa valenciana. Y de nuevo apareció la magia y el pundonor madridista, un balón robado en el centro del campo por De la Red terminó en las mallas valencianistas tras un precioso y preciso disparo del canterano.

Y de nuevo fue el éxtasis en el campo y en la grada, todo era entusiamo, gritos, aplausos e ilusión, se estaba viviendo una noche histórica, de la que se hablaría durante años y que se pondría como ejemplo de remontada imposible y heroíca. Y los jugadores, en ese estado de gracia y de poderio, conscientes de que todo era posible dieron un nuevo golpe y así llegó el cuarto de la noche para el Real Madrid al recoger Higuain un pase retrasado de la defensa valenciana, driblar al portero y marcar a puerta vacía. El delirio, la comunión perfecta entre grada y campo, entre aficionados y jugadores, entre madridistas entregados que se miraban unos a otros sin saber que decir y sin saber como expresar lo que estaban viviendo, un hecho único que hasta ahora nunca habían presenciado y que no olvidarían mientras vivieran. Todos ellos podrían decir que estuvieron presentes el día que el Madrid remontó un partido con nueve jugadores en el campo, marcando tres goles con 9 y uno más con 10.

El segundo gol del Valencia marcado por Morientes no hizo que más que maquillar el resultado porque nadie en el campo pensaba que el título estaba en peligro. La SuperCopa estaba ya en las vitrinas madridistas y así se confirmaría tras el pitido final de un mal arbitro que estuvo a punto de echar a perder un gran partido y que un gran equipo se encargó de salvar. Nueva noche heroíca y épica del Madrid, un recuerdo imborrable que todos nosotros recordaremos por siempre.

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