Después de 15 días mágicos, intensos y admirables ha llegado el final de los Juegos Olímpicos. 15 días en los que la televisión, sus conexiones y las retransmisiones han sido el centro de las tareas diarias. 15 días de sueños, de alegrías, de desilusiones y sobre todo de admiración hacia todos los deportistas que han competido con brillantez e ilusión en todos y cada uno de los deportes. 15 días zapeando de canal en canal, de emisora en emisora y de web en web para enterarse de todos los detalles, de todos los resultados y de todos los comentarios. 15 días soñando y esperando los éxitos de los deportistas españoles, alegrándose con sus logros y compartiendo sus decepciones, animándoles en cada prueba y admirando su entrega y sacrificio. 15 días inolvidables que habrá que saborear y recordar durante los próximos cuatro años.En el ámbito deportivo no cabe duda de que los protagonistas han sido un americano y un jamaicano, Phelps y Bolts, un nadador y un velocista, cada uno con sus propias características, sus méritos y sus cualidades pero los dos admirables, soberbios, inmensos y majestuosos. Uno, el americano Phelps, ha ganado ocho medallas de oro y conseguido siete records del mundo, ha dominado por completo la piscina olímpica y ha demostrado sencillez y simpatía en los triunfos, todo un ejemplo a seguir, de dedicación y sacrificio en busca de un sueño, un ídolo cuya proeza durará por muchos años. El otro, el jamaicano Bolts, con tres oros y dos records del mundo, ha sido el hombre más veloz del mundo, ha ganado en las distancias cortas con la rapidez del rayo, en algún caso con demasiada treatalidad y suficiencia, y se ha convertido en leyenda para un buen puñado de años.
Y en el plano español hay que decir que la actuación también ha sido brillante, con sus luces y sus sombras, con sus éxitos y sus decepciones, con las confirmaciones de algunos grandes deportistas, la sorpresa de nuevos héroes y las desilusiones de consagrados de los que se esperaba algo más aunque ellos tambien lo han dado todo y se han entregado tanto como los medallistas. Mi admiración a todos vosotros porque habeis hecho ilusionarme y alegrarme inmensamente con vuestros triúnfos y éxitos, tanto como si fueran mios propios. En mi quiniela inicial hablaba de 25 medallas y al final "solo" cayeron 18, con 5 oros, 10 platas y 3 bronces, pero todas ellas han sido bienvenidas.En el apartado de desilusiones hay que citar algunas medallas con las que se contaba de antemano, que eran casi seguras y además como campeones, medallas de oro con las que todos los aficionados contabamos, como el oro en Triathlon de Gómez Noya o el de 20 Km. marcha de Paquillo. También esperabamos algo más de los judokas, de los atletas y de los nadadores, las medallas eran difíciles pero confiabamos en que se pudieran conseguir: Marta Dominguez lo tuvo en la punta de sus manos y una inesperada caída a 200 metros de la meta le privó del éxito pero no de nuestra admiración, es la mejor atleta española de la historia. También lo tuvo cerca María Vasco en la marcha. Los nadadores estuvieron más lejos y los judokas tuvieron que conformarse con algunos cuartos puestos. También esperabamos algo más de Contador después de haber arrasado en el Tour del 2007 y el Giro del 2008 pero la contrarreloj no era muy favorable a sus características y en la prueba en ruta tuvo que abandonar, además su puesto fue ocupado por otro español y además en lo más alto del cajón. No hay que calificar de desilusión algún metal que no tuvo al final el color esperado como las platas de Deferr o de David Cal, con un poco más de suerte se habrían llevado el oro y nos habrían elevado aún más en el medallero final.

Dentro de las confirmaciones, en primer lugar la de Rafa Nadal, todo un número uno, que vino con toda la humildad del mundo a disfrutar del espíritu olímpico, a compartir la experiencia olímpica con el resto de los deportistas y a intentar conseguir la gloria olímpica, no por el dinero o el prestigio si no por la gloria, por el sentimiento olímpico y patriótico de dedicarle el triunfo al mundo y a los españoles. Todo un ejemplo, un deportista total que disfruta con lo que hace y que transmite esos sentimientos a quienes lo presencian; se lleva toda la admiración de quienes lo ven jugar por su entrega hasta la extenuación, por su sacrificio y por su ilusión. Samuel Sanchez supo aprovechar su oportunidad y el trabajo de todo el equipo español de ciclismo, donde se pudo ver a campeones del Tour, del Giro, medallas en mundiales trabajando como uno más por el equipo, el oro fue suyo pero también de Sastre, de Valverde, de Contador y de Freire; tenemos algunos de los mejores ciclistas del mundo. También hay que hablar de Llaneras, aunque se confiaba en revalidar sus medallas de olimpiadas anteriores, conseguirlo ahora tiene tanto éxito y merece tanta admiración como entonces, de la misma manera que su compañero Toni Tauler. Tampoco faltó el oro en Vela (Fernando Echávarri y Antón Paz en categoria Tornado) y eso que podían haber sido dos si los jueces nos hubieran dado la razón en la categoria 49ers (Iker Martínez y Xabi Fernández) .
Y la sorpresa de los palistas K2 500 (S. Craviotto y C. Pérez) aunque ya había oido hablar de ellos antes de la Olimpiada y conocía su impresionante proyección, todo un éxito por inesperado y por deseado después de las dos platas de David Cal, todos esperabamos un oro por su parte aunque las dos platas conseguidas por el gallego tienen también un valor incalculable.
De la misma manera que Deferr, su plata sabe a oro sobre todo teniendo en cuenta los favorcillos de los jueces a los chinos, su trayectoria olímpica es admirable y esperemos que siga creciendo. El tenis secundó el ejemplo de Nadal y un unido y compenetrado doble femenino compuesto por Vivi Ruano y Anabel Medina logró la plata ante unas hermanas invencibles en esta ocasión. La natación sincronizada, capitaneada por G. Mengual y A. Fuentes, consiguió dos platas que las situa en la cúspide de la sincronizada mundial después de las rusas (que tiemblen porque pronto su hegemonía se tambaleará).
En esta ocasión también llegaron medallas inesperadas por deportistas o deportes no demasiado conocidos o seguidos por el gran público, como fue el caso del bronce de José Luis Abajo en espada. El ciclismo nos dio una nueva medalla, cuatro han caído en esta olimpiada, en este caso por parte de una ciclista llamada Leire Olaberria cuyo bronce le supo a oro y sus lágrimas nos emocionaron como a ella.
Y por último vinieron los deportes de equipo, casi siempre los más deseados y los más disfrutados, en Hockey Hierba tras un campeonato casi perfecto nos dieron una plata llena de sacrificio, entrega y compañerismo; por su parte el dinámico, trepidante y vibrante Balonmano nos dió un bronce, en este caso después de una fase previa llena de sombras que se iluminó en bronce gracias a la entrega y sacrificio de un puñado de jugadores unidos y comprometidos.
Para acabar, precisamente con la última medalla, las más saboreada, la que todo el mundo esperaba y la más segura en todas las quinielas, pero no por ello menos luchada y disputada. El Baloncesto era el deporte central de estos juegos, todos esperabamos un triunfo y sabiamos que era casi imposible doblegar a los americanos, pero la sensación que se tuvo en la final es que con un poco más de suerte en los momentos decisivos podiamos haber ganado incluso la medalla de oro, a pesar del arbitraje, del "cámino", de las defensas agresivas y la chulería de alguno de los americanos. El mejor equipo de baloncesto de la historia jugando con las reglas FIBA le puso las cosas extremadamente difíciles a los jugadores americanos de la NBA. Fue una medalla de plata, pero de plata dorada, de oro blanco.
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