martes, 20 de mayo de 2008

Décimo Aniversario.

Hoy, diez años después, se sigue sintiendo como entonces.

Noche mágica, noche gloriosa, noche inolvidable. Eso es lo primero que recuerdo cuando me acuerdo de aquella noche del pasado miércoles 20 de Mayo de 1998. Aquella noche en la que en el estadio Arena de Amsterdam viví una sensación inolvidable y al mismo tiempo inimaginable, un dia en el que experimente una alegría casi sin igual, una noche de locura, de impensable locura colectiva vivida por unos cuantos privilegiados entre los cuales tuve el honor y el placer de encontrarme, una noche de cánticos, de gritos, de saltos, de aplausos, una noche casi de lágrimas, una noche de orgullo, de irresistible empuje, empuje incontrolable, desbordante. Las palabras apenas pueden reflejar todos los momentos que tuve el placer de vivir, apenas pueden expresar la vivencias, las sensaciones, las visiones, los sones y olores, el ambiente, el clima creado, la fantasia animada, el mágico escenario donde se iba a producir un espectáculo sin igual, no sólo por el triunfo de un equipo, si no lo que es más importante por el momento compartido por unos cuantos; alegría compartida, puede haber algo más hermoso. El dia será recordado siempre por esas sensaciones inolvidables, a pesar de que también tuvo su aspecto negativo y desagradable. Pero en primer momento vamos a reflejar o al menos intentar reflejar esas otras sensaciones. El viaje lo inicié el mismo dia 20 de Mayo a las 7 de la mañana, sobre las 4:45 estabamos en el aeropuerto y ya desde ese momento intuí que el dia iba a dar mucho de sí, ya a esas horas tan tempranas de la mañana se notaba un bullicio peculiar, una alegría incontrolable, una camaradería sin igual, una comunión colectiva. Después de desyunar comenzaron los primeros cánticos, las sonrisas compartidas, las miradas de complaciencia, de ánimo y apoyo multitudinario. Al fin montamos en el avón y en apenas dos horas ya nos encontrabamos en el aeropuerto de Amsterdam.

Nos situamos en el metro de Amsterdam desde donde nos dirigimos a la Estación Central, una de las paradas más emblemáticas de la ciudad, en pleno centro de la misma. Al poner el pie en la plaza a la que desemboca esta estación el ambiente y el colorido no tenía igual: banderas, bufandas, gorros, capas, escudos, colores y más colores no sólo del Real Madrid si no también de los seguidores italianos entremezclados unos con otros sin que ningún incidente se produjera entre ambos grupos, que más que contrarios eran distintos, sin crearse tensión de ningún tipo. A cada paso te cruzabas con un seguidor italiano que igual que tu mismo estaba dispuesto a disfrutar de esa fiesta callejera y espontanea que se desarrollaba a cada instante.


Paseamos por la zona del centro, disfrutando del ambiente y del paisaje. Se realizaron las primeras compras y nos alejamos de esa zona tan concurrida para poder observar con detalle la ciudad, o al menos lo que nos diera tanto; paseamos por sus calles, cruzamos sus canales que a modo de venas recorren y cortan la ciudad, circulando de forma paralela a las propias calles, toda calle tenía su canal que separaba ambos lados de la misma que sus innumerables puentes ponían en contacto. Las calles, muchas de ellas peatonales gozaban de una gran tranquilidad, los coches eran excasos y sólo teníamos que preocuparnos de nos ser atropellados por la multitud de bicicletas que las recorrian, aunque no hubo que sufrir ningun incidente, ya que los ciclistas avisaban
con tiempo de su paso. La tranqulidad de la ciudad se apoderó de nosotros y nos mezclamos con los paseantes que recorrían entusiasmados las calles, apreciando toda su belleza y calma. No es que vieramos toda la ciudad, todas sus calles y plazas, todos sus monumentos, todos sus barrios, pero lo que si captamos fue su espiritu y su idiosincracia. Llego la hora de la comida y en tal dia no se nos ocurrió otra cosa que ir a comer a un restaurante italiano con la esperanza que durante la noche tambien nos comieramos al equipo del mismo pais. La comida estuvo bien, entretenida y amena como suele ser normal entre nosotros. Después de comer volvimos a las calles para seguir saboreando la tranquilidad que se extendía por ellas. Llegamos a la plaza de Rembradt donde en un escenario un grupo musical estaba animando el ambiente de la concurrida plaza poblada por multitud de hinchas de ambos equipos. Alli cogimos unos gorritos y nos los calamos en nuestras cabezas. Volvimos a la plaza de la Estacion Central para coger un barco con el que recorrer los canales de la ciudad, viaje que se extendió durante una hora y media, y que nos permitió visitar entre otras cosas el balcón de Matahari llamado así porque en su interior vivió la conocida espía durante parte la I Guerra Mundial, tambien vimos la casa de Ana Frank, las innumerables barcazas estacionadas a ambas orillas que servían de vivienda a sus propietarios, puentes que enlazaban las distintas orillas, incluso una réplica de un galeón holandés del siglo XVII. Una vez acabado el paseo nos sentamos en una terraza a orillas del gran canal y descansamos un rato mientras seguiamos observando todo lo que se desarrollaba a nuestro alrededor. La mezcla de aficiones y colores era impresionante, la hermandad y buen ambiente entre ellos también.


Sobre las seis de la tarde decidimos dirigirnos al estadio, hay que recordar que el partido comenzaba a las 20:45; cogimos el metro y tomamos el rumbo del Amsterdam Arena, en los vagones del tren los cántitos de ambas hinchadas se confundían; cada uno quería hacerse oir más que el contrario, pero sin perder el buen ambiente reinante. Por fin llegamos al coqueto estadio, tras dar una vuelta por sus inmediaciones nos colocamos en la cola con la intención de entrar. El acceso se hizo un poco lento por las medidas de seguridad y la necesaria revisión de entradas. Por fin vimos el cesped del estadio donde en esos momento estaban "Los del Rio" cantando su "Macarena" y otras de sus canciones, el ambiente era ya impresionante a dos horas para que comenzara el partido. Los cánticos sustituyeron a los cantantes sevillanos, las palmas retumbaban en el estadio, los gritos emergían de todas nuestras gargantas. Durante dos horas no dejamos de cantar, gritar y animar; fue algo impresionante, el ambiente se apoderaba de todos nosotros y esa energía colectiva era devuelta en forma de cantos y gritos, IMPRESIONANTE. Durante un instante me vino una idea a la cabeza: "Si esto es asi ahora, como será si termina el partido con la victoria del Real Madrid"; no me lo puedo creer, en ese momento supe que ibamos a ganar el partido, yo estaba orgulloso de poder estar allí para vivir ese momento. Por fin comenzó el partido, con todas las incidencias que sucedieron durante el mismo, las oportunidades de nuestros jugadores eran vitoreadas por nosotros y las del equipo contrario terminaban siempre con un suspiro de alivio. El clamor se volvió contra el arbitro debido a ciertas decisiones no demasiado justas en contra de nuestro equipo y se llegó al fin de la primera parte con "0-0" como resultado provisional.

Durante el segundo tiempo las sensaciones fueron las mismas. El toma y daca del partido hacían que éste estuviera muy emocionante, que fuera intenso y atractivo para el espectador, pero todo llegó a su cumbre cuando en el minuto 22 de la segunda parte Mijatovic marcó el gol que significaría el triunfo del Madrid. En ese momento el entusiasmo salió por todas partes, gritos, abrazos, saltos, miradas, cánticos y alguna que otra lágrima brotó de los ojos de uno de mis amigos. Ahora sólo quedaba que el partido llegará al final, los minutos pasaban lentamente, como losas dificiles de levantar, como pequeños pasos de seres diminutos que andan despacito, como interminables motas en un reloj de arena. Hasta que por fin el arbitro pitó el final del encuentro: EL REAL MADRID ERA EL ACTUAL CAMPEON DE EUROPA, por fin. La alegría se desbordó por todas partes, los flaxes de la cámaras de fotos iluminaron el estadio, eran como una multitud de relámpagos que centelleaban por todas partes; de nuevo más abrazos, más lágrimas, más saltos, cánticos, etc.
La Copa de Europa ya estaba en nuestras manos,
la vuelta de honor de los jugadores, la música celebrando el triunfo, multitud de imágenes y sonidos se agolpan en mi mente, cada segundo se vivió intensamente, y cada segundo tuvo su imagen y su sonido concreto. Despues de una hora de levantar la copa salimos del campo con dirección a los autocares que nos llevarían al aeropuerto, la alegría seguía siendo inmensa. Y ahí acabó la alegría, las aventuras y desventuras posteriores quedarán para otra ocasión.

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