jueves, 17 de julio de 2008

El eterno marido. Dostoievski

Hacia mucho tiempo que no tenía la ocasión de tener entre mis manos otra de las obras de Dostoievski, escritor que me dejó asombrado desde el primer libro que devoré, creándome una profunda y grata sensación. Siempre es bueno recordar momentos y sensaciones pasadas, impresiones que el autor ruso es capaz de transmitir y reflejar como ninguno, escritor psicológico, profundo, algunas veces oscuro pero que siempre engancha al lector y le lleva de la mano por los renglones de su obra. Se trata generalmente de obras voluminosas pero no por ello cansan al lector, en el caso de "El Eterno marido" Dostoievski es bastante más escueto y en poco más de 200 páginas relata la historia del trío protagonista de la obra "marido-esposa-amante" aunque más bien es un duelo casi escénico entre el marido burlado y el amante que no pretende ser engañado.


La obra se centra en la centra y extraña relación entre Pavel Pavlovich Trusotski (el marido) y Velchaninov (el amante) 10 años después de perder el contacto entre ellos y con la mujer del primero. De manera repentina Velchaninov comienza a tropezarse de manera extraña y sospechosa con un misterioso personaje vestido completamente de luto al que no reconoce. Después de un período de ausencia vuelven a sucederse las apariciones hasta que Velchaninov acomete al hombre de luto y le interroga. Antes de que el extraño se de a conocer, una imagen y un nombre surgen en su mente y esas sospechas son confirmadas por el desconocido, se trata de Trusotski un oscuro personaje de provincias con el que coincidió hace más de 10 años en una lejana y apartada ciudad rusa. Aunque más que de Trusotski se acuerda de su mujer de la que fue amante y cuya relación se cortó inesperadamente cuando Velchaninov tuvo que dejar la ciudad para volver a Petersburgo. Las dudas absorben a Velchaninov que no sabe si el marido burlado ha llegado a la ciudad en busca de venganza por el ultraje de otros tiempos. El ánimo de Trusotski es más triste y decaído, y así le informa de que su mujer acaba de fallecer dejándole solo con una pequeña niña enferma de casi 10 años de edad, que no puede superar la muerte de su madre. El caso interesa profundamente a Velchaninov, eterno solterón y mujeriego que ha comenzado el ocaso de su vida de galán y que comienza a ver la soledad y la tristeza a la que su vida anterior le ha desembocado. Animado por Trusotski le acompaña a ver a la pequeña criatura, las sensaciones contradictorias se suceden, la miseria en la que vive la pequeña, abandonada durante gran parte del día por su padre, le llena de odio y deseos de venganza hacia el padre, mientras que el rostro y los rasgos fisiológicos de la hija le generan un cariño y un amor profundo hacia la pequeña. Desde ese momento se decide a ayudar a la pequeña, solo en su casa comienza a pensar en la posibilidad de que la pequeña hija de su amante sea realmente su hija, comienza a atar cabos, fechas y cartas y todo parece indicarle que la niña es su hija.


El trato con Trusotski se hace más intenso, el cariño hacia la pequeña le empuja a buscar la compañía del marido engañado y Velchaninov no sabe si el afecto que le demuestra Trusotski es real o solo es una forma de ganarse su confianza y vengarse de él, arrebatándole la hija recién descubierta. Trusotski tiene abandonada completamente a la niña que sufre su soledad y la ausencia de la madre, Velchaninov la visita e intenta ganarse su confianza y su amistad. El abandono de la niña se manifiesta en todos los aspectos, de manera que llega a enfermar peligrosamente; cuando Velchaninov se entera de la verdadera situación de la pequeña hace que la visite un médico, y ante el estado de la niña decide arrebatársela al padre y llevarla a casa de una familia amiga suya para que se hagan cargo de la enferma y la presten todos los cuidados necesarios hasta que se cure; después la reconocería como hija y se iría a vivir con él. La pequeña pone muchas objeciones para abandonar la casa paterna, pero ante la insistencia de Velchaninov y de su propio padre accede a irse con Velchaninov. Pero la situación de la pequeña es muy delicada y a los pocos días fallece dejando a Velchaninov profundamente afectado, mucho más afectado de lo que se mostraba el que la había tratado y criado como padre. Este desdén, el abandono anterior de Trusotski hacia la pequeña y el hecho de que Trusotski hubiera caído en el más duro alcoholismo provocan la ira y desprecio de Velchaninov, que se lo reprocha y abandona su compañía para siempre.


Velchaninov se encuentra sumido en la desesperación, el recuerdo de su pequeña hija, tardíamente conocida y rápidamente perdida, se apodera de su cabeza, abandonándose a la desidia. Los sueños terribles de su hija, de la madre y de su vida libertina se suceden noche tras noche. Tras algunas semanas de ausencia comienzan de nuevo las apariciones de Trusotski, aunque profundamente cambiado, ya no viste sus negros vestidos de luto, ya se ha olvidado de la muerte de su mujer y de su hija, así como de su alcoholismo permanente. Se acerca a Velchaninov con ánimo suplicante, le pide perdón por su comportamiento antes, durante y después de la muerte de la niña y le implora su compasión y la vuelta de su amistad. Velchaninov sigue sintiendo repulsión y antipatía por Trusotski, pero una confidencia de éste le impulsan su curiosidad y su compañía. Trusotski le habla de la existencia de ciertas cartas de su mujer en las que se le menciona, habla de su hija, de su amistad de hace 10 años y consigue chantajear psicológicamente a Velchaninov, le exige su amistad en pago a su pecado con su mujer. Velchaninov se siente acorralado ante un personaje al que desprecia y aborrece, que se viste con la piel de cordero del eterno marido y le exige un acto de penitencia. Trusotski se desnuda por completo ante Velchaninov, le cuenta con detalle todas la bajezas que había soportado con los continuos engaños de su mujer, con cada amante de su esposa, convirtiéndole en un pelele de su mujer y de sus deseos. Pero ese acto de capitulación no ablanda el corazón de Velchaninov si no todo lo contrario, siente que Trusotski no se siente avergonzado de esa situación si no que era deseada por él e incluso fomentada y apoyada, se había convertido en una especie de obsesión, su papel en este mundo era el de ser el "eterno marido" de una mujer.


Y después de llegar a esta conclusión Trusotski le sorprende con una nueva confidencia que explica su cambio de aspecto, su intención de casarse con una joven de 15 años que había conocido hace apenas un año, hija de un magistrado de la corte de justicia, de una familia numerosa empobrecida que ve la boda de la pequeña con Trusotski como la única salida para mejorar su situación económica. Velchaninov se siente de nuevo indignado y mucho más cuando Trusotski el pide que le acompañe a la casa de la joven para conocer a la familia y presentarle ante su novia como el gran caballero que es. Velchaninov se opone a los deseos de Trusotski pero éste le recuerda el pasado, las cartas y a su anterior mujer, se hace necesario que pague sus culpas y le devuelva lo que le ha robado, si antes le roba a su mujer ahora debería ayudarle a conseguir un nuevo matrimonio. Velchaninov supera su repulsa hacia la visita y hacia la propia figura de Trusotski y acude con él a casa de la prometida, conoce a la familia y aprecia la gran diferencia que existe entre uno y otro; la pequeña niña no se merece semejante castigo y perder su inocencia con un individuo como Trusotski. Además se entera de que la joven no acepta a Trusotski y que está enamorada de un joven al que su familia rechaza. En casa de su prometida Trusotski vuelve a asumir su papel de eterno marido y es objeto de todo tipo de bromas y chanzas, su prometida y sus hermanas se ríen de su figura, de sus gestos, de su educación y de su propia persona, pero él intenta adoptar una postura digna ignorando los desplantes que tiene que sufrir.


Trusotski es ahora es el que se ve acosado y perseguido por el joven enamorado de su prometida y exige a Velchaninov que se ponga de su lado y haga todo lo posible por alejar al enamorado de la casa paterna y ayudarle a conquistar a su prometida. En un momento de máxima tensión tiene lugar en la casa de Velchaninov un encuentro entre los dos pretendientes y finalmente Trusotski tiene que reconocerse vencido y renunciar a la boda que ya estaba fijada.


Tras este nuevo desengaño Trusotski abandona San Petersburgo y Velchaninov pierde su pista por algún tiempo, hasta que en un sitio inesperado en un viaje en tren, tiene lugar un hecho insospechado. Velchaninov se apea en una pequeña estación, se produce un incidente en el que interviene defendiendo a una mujer y esta le presenta a su marido que se trata precisamente de Trusotski quien le saluda de manera afable y amistosa, profundamente amigable y cariñoso con su viejo amigo. Velchaninov ya no siente ningún desprecio ni rechazo hacia el y aprecia con admiración como Trusotski ha realizado su destino, se ha convertido en el "eterno marido".

Dostoievski consigue plasmar y reflejar la dicotonomía entre dos figuras contrapuestas y enfrentadas, cambia la perspectiva tradicional de enfrentamiento entre amante y marido engañado, presentando dos figuras diferentes. Por un lado se encuentra el personaje de Trusotski un marido burlado que no por eso se siente ultrajado, para él que la felicidad máxima está en el propio hecho del matrimonio, en sentirse marido de una mujer aunque sólo sea sobre el papel, que tiene idealizada la vida familiar y en cuyo seno se encuentra la belleza y felicidad suprema. Por otro lado se encuentra la figura de Velchaninov como amante, vividor y libertino, apartado de cualquier lazo familiar y afectivo, que anda solo por el mundo, y que al llegar al ocaso de su vida amorosa descubre de improviso que tiene una hija sobre la que puede reflejar y expresar sus sentimientos paternales y afectivos, pero a la que pierde con la misma rapidez con la que la encuentra. Después de años de vida azarosa, Velchaninov finalmente descubre la esencia de la vida matrimonial, ya no rechaza a Trusotski ni a lo que representa, descubre que en la vida hay lazos que unen a unas personas con otras y que estos lazos son aún más fuertes si te atan a unos hijos o a una mujer a la que consideras como parte de tu propio ser.

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