viernes, 8 de febrero de 2008

Resurrección.- León Tolstoi

Tolstoi nunca defrauda, sus libros son intensos, llenan al lector (al menos a mí), le hacen participe de sus historias, le engancha sin miramientos y le hace avanzar página tras página de forma vertiginosa devorando su narración. Así me había pasado cuando descubrí a "Ana Karenina", cuando devore "Guerra y Paz" y asi ha vuelto a pasar con "Resurrección", una historia de sentimientos, de ideas, de dedicación y entrega, donde su protagonista se entrega a su resurrección por la que trata de reconstruir su pasado y convertirle en una persona digna y honesta.

El protagonista parte de un estado de degradación moral que le afecta tanto psica como físicamente, pero del que no puede ni quiere salir, hasta que en un determinado momento se encuentra con una joven que le trae recuerdos del pasado, alegrías de juventud y al mismo tiempo el inicio de su degradación, cuando en casa de sus tias sedujo y abandonó a la joven Katiuska que ahora se paseaba ante sus ojos en el tribunal de justicia donde el participaba como testigo. Desde ese momento se plantea el objetivo de pagar sus culpas con la joven, de devolverla algo de lo que le había quitado; lucha por ella en el tribunal pero debido a un despiste al redactar la sentencia no puede evitar que sea condenada. Al salir del tribunal lucha por conseguir la repetición del juicio, la revocación de la pena y al fracasar finalmente el indulto.

En su intento por ayudar a la joven frecuenta la carcel donde está internada y alli descubre en toda su extensión la arbritrariedad del sistema judicial ruso, los casos injustos se suceden y él se interesa por todos e intenta ayudar a los que más le sorprenden, se convierte en un defensor de las causas perdidas que en algunos casos no son tan perdidas y asi consigue la libertad para algunos de estos pobres presos injustamente trados por el sistema. Pero no consigue su principal anhelo, liberar a la pobre Katiuska, que tras perder las sucesivas apelaciones que el principe Nejliúdov emprende es condenada al exilio a Siberia. El príncipe utiliza sus contactos en la corte para pedir incluso el indulto ante el Zar. Mientras tanto se desarrolla en su mente otra solución, otra restitución para Katiuska, otra penitencia para el mismo, de manera que abandona a su prometida y se compromete ante Katiuska, le entregará la libertad y su mano, se casará con ella para compensar la vida a la que el abandono del príncipe la empujó. Nejliúdov se siente totalmente culpable y responsable de la joven, su mal comportamiento arrojó el alma bella de Katiuska al fango de la prostitución y ahora su único objetivo en la vida era restituirla a la posición que se merecía y que tendría a su lado. Se plantea asi su resurrección.

Pero Katiuska, aunque profundamente agradecida a la ayuda y al apoyo prestado por Nejliúdov, no está de acuerdo con su último plan; le perdona su abandono y le consuela por ello pero no está dispuesta a casarse con el príncipe, no quiere el sacrificio del príncipe que también seria un sacrificio para ella misma.

El príncipe consigue de las autoridades que Katiuska abandone las celdas de los criminales comunes y le trasladen a las celdas de los presos políticos donde podía estar en mejores condiciones físicas y sobre todo morales. Allí tanto ella como el príncipe comienzan a conocer a algunos de los presos políticos que estaban en la carcel, y aparecen nuevos casos de arbitrariedad e injusticia del corrupto sistema judicial ruso, contra el cual trata de luchar también el príncipe, aunque de manera distinta a como lo hacen los presos políticos, no pretende la destrucción del sistema sino su renovación.

Finalmente llega la fecha para el cumplimiento del exilio de Katiuska y Nejliúdov decide abandonar su vida en la corte, vender sus propiedades, ceder sus tierras a los campesinos y seguir a Katiuska allá donde vaya con el objetivo de esperar junto a ella el indulto y vivir a su lado mientras tanto. De esta forma inicia el peregrinar por las aldeas y pueblos rusos por los que van pasando los presos, vive sus malas condiciones e intenta remediarlas siempre que puede. En este peregrinar Katiuska sigue rechazando al príncipe al mismo tiempo que se van trazando lazos más fuertes con uno de los presos políticos que le acompañan, un joven socialista llamado Simonson. El príncipe no solo no actua contra su rival y nuevo pretendiente de Katiuska sino que se acerca a él con las mejores intenciones, conoce su caso y su historia llegando a ser buen amigo del joven preso.

Al llegar a su destino Katiuska se hace cargo de la situación y toma una decisión que marcará la vida de los tres, rechaza nuevamente al príncipe Nejliúdov y le informa de su elección a favor de Simonson. El principe Nejliúdov, decepcionado por esa elección pero tambieén en parte aliviado por la misma, desea suerte a la joven pareja y les promete favorecerles y ayudarles en todo lo posible. Su resurrección se ha completado, si bien no como deseaba Nejliúdov, pero si en lo importante y lo transcendental de su vida, se apartó de su vida de lujo y excesos para iniciar una nueva vida llena de ideales, de lucha y de entrega hacia los demás, hacia sus compatriotas y sus semejantes.

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